La tradicional procesión del Santo Entierro, uno de los actos más significativos de nuestra Semana Santa, recorrió en la tarde-noche de ayer las calles de Burgos. La Oración del Huerto no desfiló.
La tradicional procesión del Santo Entierro, uno de los actos más significativos de nuestra Semana Santa, fiesta declarada de Interés Turístico Regional, recorrió en la tarde-noche de ayer las calles de Burgos, en las que se agolpaban con cerca de una hora de antelación cientos de burgaleses y turistas. Como otros años el entorno de la Catedral y el Arco de Santa María, se convirtieron en los lugares más codiciados donde una hora antes del comienzo de la Procesión, ya no cabía ni un alfiler.
La procesión partió a las ocho y media de la calle Nuño Rasura y recorrió la plaza del Rey San Fernando, arco de Santa María, puente de Santa María, plaza de Vega, calle Miranda, calle San Pablo, plaza del Conde de Castro, puente de San Pablo, plaza de Mío Cid, calle Santander, calle San Juan, plaza Alonso Martínez, calle Laín Calvo, calle Virgen de la Paloma y plaza de Rey San Fernando.
La amenaza de lluvia hizo que dos de los pasos, Cristo atado a la Columna y Nuestra Señora de la Misericordia y la Esperanza desfilarán cubiertos con plásticos, lo que afeo enormemente la procesión. La decisión de sus respectivas Cofradías, Santa Columna y Nuestra Señora de la Misericordia y la Esperanza, no gustó entre los burgaleses, puesto que Cristo atado a la Columna es una réplica del año 2004 del original del Diego de Siloé, que se custodia en Catedral; y Nuestra Señora de la Misericordia y la Esperanza (Francisco Conesa, 2004) no es una talla de gran valor material. Menos gusto todavía la decisión de que la Oración Huerto (Ildefonso Serra, 1901), paso que procesiona la cofradía del mismo nombre no desfilara.
La procesión concluyo entorno a las once de la noche en la Plaza del Rey San Fernando donde todos los pasos esperaron la llegada del Santo Sepulcro y de Nuestra Señora de la Soledad, momento en el cual se cerró el acto con un toque de Oración y el canto de un Requiem. Minutos después se vivió uno de los actos más desconocidos de la Semana Santa burgalesa, la visita de Nuestra Señora de la Soledad con el Cristo Yacente.