Amalgama de tradiciones para honrar un año más a San Lesmes Abad. Los alrededores de la Plaza de San Juan se han convertido, como viene siendo habitual, en una colorida estampa sólo igualada por el Festival de Folclore.
Manda la tradición que entorno al 30 de enero, los burgaleses se concentren alrededor de la iglesia de su santo patrón. Para pedirle protección para el año que acaba de comenzar, apenas un mes antes. Manda la tradición que ellos porten capa castellana sobre el hombro, y ellas cubran su cabeza con una manteleta, quien sabe si como señal de respeto o para protegerse del frio que gobierna estos territorios en esta época.
Así, un año más, la muy más leal Ciudad de Burgos ha vuelto a cumplir con la tradición. Al compás de la Marcha de la Ciudad, interpretada por los Timbaleros de la Ciudad, y desafiando la amenaza de nieve partía la Corporación Municipal, bajo mazas como en las grandes ocasiones, rumbo a la Iglesia abacial. Para ofrecer al santo los panecillos y el cirio como muestra de la gratitud que la Ciudad de Burgos tiene hacia su Protector. Abriendo paso a la corporación, los Danzantes y Gigantillos y los grupos de folclore, peñas y casas regionales de la Federación de Peñas y Asociaciones de San Lesmes Abad. También como es costumbre los munícipes de Loudum, Pessac y Chaise-Dieu (Francia).
Ya en el interior de la iglesia, el calor del brasero, ha servido para soportar mejor los cerca de veinte minutos que se ha prolongado la homilía pronunciada por el Excelentísimo y Reverendísimo Señor Arzobispo de Burgos. Finalizada ésta las Reinas, y Reyes, de las diferentes peñas y asociaciones han ofrecido los tradicionales roscos al santo y la Reina Mayor de Burgos, Mónica de Miguel, la típica empanada con el nombre del Santo grabado en hojaldre. El Alcalde, Javier Lacalle, se ha estrenado en esta fiesta, ofreciendo a San Lesmes, en nombre de toda la ciudad, el tradicional cirio.
La celebración eucarística ha dejado paso, cuando los primeros rayos de sol han empezado a asomar para excitar la fría mañana burgalesa, al tradicional Baile de Danzantes y Gigantillos.
Víctor tiene apenas un año y medio y aplaude emocionado al ver bailar, a lo que sus padres le han dicho que se llama Gigantilla y Gigantón. Es su primera vez y disfruta en familia del colorido baile de estos personajes. Un baile más corto de lo normal para evitar que tan divertidos personajes tengan que pasar por el hospital por lo resbaladizo del suelo mojado. Es igual, tanto Víctor como otros muchos niños, todos en primera fila, la mayoría de ellos con la boca abierta, disfrutan por primera vez este año de tan tradicional baile.
Tras el baile, la parada es obligatoria y toca reponer fuerzas. Pronto se han formado grandes colas en la plaza y alrededores para hacerse con uno de los codiciados roscos del santo (cuenta la tradición que San Lesmes se vio en dificultad para alimentar a tantos peregrinos que pasaban por Burgos y se obro el milagro) y si es un con un pincho típico y un jarrito de vino mejor que mejor, las cosas no están para rechazar comida.